Poemas para reflexionar

Textos-de-amor-reflexiónNo siempre la vida trata sobre el amor, la amistad, el dinero o incluso la salud, a veces nos tocan muy de cerca problemas y contratiempos que pensamos que nunca vamos a poder superar y es ahí en donde la vida nos enseña que no toda es color de rosa.

En el artículo que te presentamos aquí en Textos de Amor hablaremos un poco de la reflexión, palabra fuera de moda que no es utilizada muy a menudo y que tampoco es comprendida en todo su esplendor, pues muchos de vosotros desconocen realmente que significa la reflexión y algunos incluso nunca han puesto practica la reflexión, valga la redundancia.

La reflexión es una de las formas más comunes de pensar cosas que nos han sucedido o que nos sucederán en el futuro, pero para poder reflexionar sobre esas cosas es necesario tener tiempo y el tiempo como bien sabemos a veces es tirano. Es por este motivo que decidimos ayudarte un poco en tus reflexiones diarias y es por eso que te trajimos algunos poemas para reflexionar que te vendrán como anillo al dedo.

Estos 3 poemas son textos “generales”, es decir que pueden ser utilizado en cualquier caso ya que no son poemas “dedicados” o algo por el estilo y esto hace que su comprensión y su utilización sea mucho más simple.

Te recomendamos que los leas de forma tranquila y que luego reflexiones cada una de las palabras que has leído en el poema, esto te permitirá conocer un poco mejor los problemas que te aquejan y por que no encontrarles una solución, pues la reflexión personal siempre ayuda y más cuando tenemos algún texto que nos abra la cabeza.

La muerte de la conciencia

Pájaros con picos de navaja
hurgan sobre greñas encrespadas
abren huecos en el porvenir
taladran la tierra fértil
sacan las raíces
dejan inservible al sol

los días ya no se cuentan
no cuentan  
desamparo en la ciudad

la arboleda se extingue
sepultada por avalancha de concreto

Sodoma y Gomorra
Barrio de los sosos

el gueto se extendió sin disimulo
los insaciables arañan las paredes
vacían sus vientre distendidos
en los caminos a sí mismos

el diablo los visita y
es recibido sin bonanza
con el caldero vacío
con la estopa en la boca
con el humo en la cara

aberrados se comen los deseos
abren la bocaza y vomitan los espejos
el festín es un todo viernes

giro irremediable
las cabezas se desprenden
como globos se alejan más allá del aire

para el chacal no hay nada
mascota inadvertida

todo se repite
la eyaculación para un solo molde
fertiliza testaruda plaga

rostros invisibles
han olvidado su potencial semejanza
no saben del retorno

la vida dista de ser maestra
deja su huella  y al instante
la calzó la nada

su hijo es el  hereje
sangre de entenado
la historia empieza desde su propia muerte

navaja de mariposa
en el pecho su funda ignominiosa
con ella se escarban los ojos
para ignorar al que no quieren invocar

ciudad herida que chorrea hijos purulentos
lo que comen no sacia el apetito de la muerte
ella desdeña lo inherente

alma inerme que flota, asciende y se arrastra
de inútiles significaciones
paria ante sí y espejo roto en el otro.

A una Rosa

Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.

De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.

La sentencia del Justo

Firma Pilatos la que juzga ajena
Sentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!
¿Quién creerá que firmando ajena muerte
el mismo juez en ella se condena?

La ambición de sí tanto le enajena
Que con el vil temor ciego no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte,
Quien al Justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano,
Aún no firméis, mirad si son violencias
Las que os pueden mover de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,
Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firméis vuestras sentencias.

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